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Cirugía de la obesidad

Profesor García Caballero

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Cirugía para cambiar los hábitos de alimentación PDF Imprimir E-mail

Es la cirugía de la obesidad. Y sí, es una cirugía de la conducta. En realidad, la cirugía de la obesidad lo único que debe hacer es ayudar a cambiar los hábitos de alimentación de las personas con obesidad mórbida. O sea, lo mismo que han intentado durante décadas nutricionistas y psicólogos, con múltiples sesiones encaminadas a cambiar los hábitos alimenticios de los pacientes obesos con métodos tan sutiles como ineficaces en la mayoría de los casos, sobre todo para mantener la pérdida de peso a largo plazo.

Ineficaces porque el trastorno ha demostrado ser tan profundo que necesita métodos mas radicales (evitar de forma absoluta la posibilidad de transgresiones alimenticias). Y también porque, en la mayoría de las ocasiones, no es sólo un problema de conducta sino que hay una base orgánica que hace que, el sólo esfuerzo psicológico, sea insuficiente para controlar el peso corporal.

La cirugía ha demostrado que la obesidad mórbida puede curarse. Aunque no toda la cirugía es eficaz, sí hay cirugías eficaces.

Desde que en 1954 se realizó la primera intervención, hemos aprendido mucho. Cuando se planteó la necesidad de hacer perder peso mediante cirugía a pacientes super-obesos en los que habían fracasado todos los tratamientos probados, los cirujanos pensaron en que operación que se practicaba por razones de enfermedad hacia que los pacientes fueran delgados. Y primero usaron la más extrema. Provocaron que la comida pasara del estómago al colon. Es decir, que como no pasaba por el intestino delgado, que es donde se absorben los alimentos, el paciente adelgazaba. Bueno, adelgazaba mucho. Demasiado. Se desnutría. Tenía más de diez deposiciones diarias. En muchos casos había que operarlo de nuevo para que la comida pasara de nuevo por el intestino.

Esto demostró que si se hacían sólo cambios digestivos no se resolvía el problema. Que la obesidad tiene un componente conductual que no se puede obviar para resolverlo. Por esto, entre otras razones, personalmente no creo que la obesidad pueda tener una solución genética (porque es multifactorial y todos los trastornos no pueden controlarse por un solo gen).

En los siguientes años a 1954, la cirugía anti-obesidad empezó a incluir una parte conductual. Es decir, no se puede comer todo lo que se quiera, controlar el peso y estar sano al mismo tiempo. Para controlar el peso y seguir sano, es condición indispensable cambiar los hábitos alimenticios. Y la única forma que se conoce hoy día para conseguirlo y mantenerlo, en casos de obesidad mórbida, es la cirugía.

Entonces, como siempre en Medicina, se fue de lo fácil a lo difícil. Lo más fácil para el cirujano y el paciente: achicar sólo el estómago (sin tocar para nada el intestino) como pasa con la llamada “Banda gástrica”. Cuando se achica el estómago el paciente se sacia con poca cantidad de comida. Como se sacia no necesita comer más y adelgaza.

El problema de este otro extremo (en la primera intervención era todo digestivo y ahora todo conductual) es que al paciente le cuesta mucho mas adaptarse y perder peso, y aprende a “engañar” a la operación. Aprende a comer de manera que llega a pasar todo por el estrechamiento del estómago y termina engordando o vomitando continuamente, y no pierde apenas peso.

Por esto la cirugía anti-obesidad actual, la que se práctica en un ochenta por ciento de los pacientes (y si sigue la tendencia actual en los años venideros se acercara cada vez mas al cien por cien), es la que mezcla una cirugía de la conducta con una cirugía digestiva. Es decir, el estómago se reduce de tamaño y, además, se reduce prácticamente a la mitad el intestino donde se absorbe lo que comemos (el conocido como bypass gástrico).

El hecho de que la cirugía de la obesidad sea una cirugía cuyo objetivo primordial es ayudar a conseguir un cambio de conducta en el paciente, hace que éste necesite una ayuda extra complementaria para conseguirlo. Esto significa que no basta con ser operado. Que para conseguir el cambio de conducta alimenticia y de calidad de vida (que es el principal objetivo que lleva al paciente obeso a la cirugía) la persona debe tener una guía (especialmente intensa desde un mes antes de la operación hasta unos cuatro meses después) minuciosamente diseñada, que le posibilite “hacer la travesía” de una vida antes de la intervención a la otra de después de la intervención sin traumas ni complicaciones. A la vida que busca como su “salvación” para volver a ser lo que quiere ser: una persona con un peso normal.

Esta travesía conductual y quirúrgica tiene tres claves: - una preparación anímica y de forma física antes de la intervención; - una operación mínimamente traumática (máximo uno o dos días de hospital) que consiga acercarse al peso ideal; y – una guía digestivo-nutricional muy precisa hasta conseguir “automatizar” los nuevos hábitos de alimentación.

La cirugía del cambio de conducta nutricional debe ser un mero trámite para la persona que busca dejar de ser obeso. Desde luego no el fundamental y trágico como es la idea mas extendida hoy día entre la población que la necesita.

El sueño de los pacientes obesos es “acostarme por la noche y amanecer como quiero ser: delgado”. Todos sabemos que eso no es posible. Aunque muchos cirujanos en el mundo estamos luchando para poder ofrecerles algo lo mas cercano posible a este ideal.

¡Si olvidamos que la cirugía de la obesidad es ante todo una cirugía de la conducta, fracasaremos en la ayuda que necesitan estos pacientes!